Charlotte Gainsbourg
El cuerpo. Que maravilloso tenerlo y que responda a uno. La piel suave, el cabello que crece, la sangre que palpita y colorea la cara, las piernas después de un golpe. El sudor, las lagrimas que reaccionan al ambiente. El olor de cada cuerpo que es tan personal como la huella. La extensión de los dedos.Y todo lo que sucede sin orquestarlo: la digestion, los estímulos cognitivos, la descomposición inminente. Cada día me encuentro con la sorpresa de que puedo correr, estirarme, bailar, hacer el amor en completa autonomía y como si eso fuera poco lo puedo hacer -además- en gracia y elegancia. Aveces en silencio le doy gracias a Dios por mi cuerpo, y por el de las personas que me rodean en situaciones especificas: el cuerpo de mi amante, el cuerpo de mis padres, de mis compañeras de pilates, de la señora que pasa caminando con su perro, del señor que lleva una carretilla llena de frutas cargada por él. Me maravilla de sobremanera. Hubo un momento al ser bebé que no me podía mover en autono...