Rosita
Parece como si todo fuera cayendo, el agua se calienta, las ballenas dejan de cantar, el calor se hace cada día más insoportable. Sin embargo, algo maravilloso, milagroso sucede: la gente aún ríe. Llegué a mi casa en la madrugada, después de sudar mientras escuchaba salsa en un tumulto que hedía a sudor dulce, llegué a mi casa y en el apartamento del primer piso, una carcajada, que bendición. Mientras bailaba en ese lugar pegachento, sonó "las tumbas" de Ismael Rivera, le dije a mi amiga que si me moría... no tuve que terminar la frase "si te mueres me fumo un cigarrillo, me tomo un trago y mezclo tus cenizas con un gramo de perico de 5 mil pesos del barrio" Me quitó las palabras de la boca. Pensé en la tumba de mi hermano que ha de estar oscura, llena de flores frescas y desolada a esta hora... Ahora, mientras escribo mi perrita juega a mi al rededor, lleva y trae la pelota como si el equilibrio del mundo dependiera de ello. Y quién dice que no lo hace, ¿por qué no...