Caminatas


Últimamente más o menos a eso de la 1pm me coge el picor de coger calle. Me pongo mis chanclas negras, mis gafas de sol y camino hasta que me canso, camino hasta resolver mis sentimientos. Eso me lleva más o menos 50 minutos; a menos de que me quede leyendo o fumando en el camino. Hoy mientras caminaba pensaba en el amor y el desamor, el sábado es 14 de Febrero. 

En mi caminata pensaba en el amor, todas las sensaciones que tengo en mi cuerpo, el gran desespero del desamor, la soledad y el silencio. Le explicaba a un ser invisible que si bien lo extraño, lo que más extraño es amar. Amar es mi arte, soy la mejor versión de mi misma cuando amo, amar es como escribir o pintar aunque no pinte. Es -en pocas palabras- lo que amo hacer y en lo que soy buena. 

"Me da envidia pensar que tu tienes todos estos mecanismos en los que te embriagas para pasa el desamor: drogas, licor, amigos, la calle. Y yo tengo las paredes que me contienen y un miedo absoluto frente al mundo. Siento como si me estuvieran sacando un hueso sin anestesia, siento cada burbuja de sangre en la herida. Me da envidia de ti que puedes ir por la vida con una pared entre el mundo y tu, pero ya bien sabes que yo no puedo, no quiero, no me da"

Esto lo escribí con resignación desesperada, cansada de que la idea de él me despierte todas las madrugadas a las 4 de la mañana. Hora a la que él llegaba a acurrucarse a mi lado.

Siento como si un millón de hierros calientes se me quisieran acercar a la piel, por más que tratan no lo logran, y al mismo tiempo tampoco se retiran. Siento fiebre en los órganos, sordera en los oídos. 

Ya cansada de esta semana me senté mirando contra una pared blanca y dije en voz alta:

Dios, ayúdame a procesar mis pasiones, mis emociones las sensaciones que me abruman. Ayúdame a saborearlas, su amargura o dulzura, ayúdame también a soltarlas, aveces soy como un niño y no soy capaz de soltar y me embriago de rabia, violencia y pasión. Ayúdame a soltar, a transitar con el propósito de salir al otro lado de la experiencia. Ayúdame a caminar despacio y en eterna presencia, a percibir y contemplar el camino, pero ayúdame a siempre caminar, a no detenerme mucho tiempo, a no quedarme viviendo en ese bosque en los que los caminos aparecen y re aparecen como en el país de las maravillas. Ayúdame a entrar y salir.

...



Ya han pasado varios días desde que estas emociones pasaron por mi cuerpo. Hoy termine Frankenstein, de salida, en el último párrafo La Criatura dice: "Pero pronto moriré, y lo que ahora siento ya no será sentido".

Anoche, noche de San Valentin después de un día lluvioso y atareado decidí salir, en contra de mi instinto, en contra de las señales de cansancio que me daba mi cuerpo. No sé por qué lo hice. O si sé, buscaba a alguien y algo. Al llegar al lugar no encontré a ninguno de mis conocidos así que me senté sola a fumarme un cigarrillo. Pasaron 5 minutos y se me acerco un hombre, se sentó a mi lado y a los minutos me pregunto mi nombre. "Maria" le dije, y él respondió con palabras que consonaban el suyo. Acerco su mano como pidiéndome mi cigarrillo, me fastidio su presencia, su proximidad y le temí. Le dije que no le iba a dar de mi cigarrillo.
Molesto, casi herido me dijo que yo no sabía fumar, me hirió el ego, si es todo lo que hago. Me preguntó mi edad, le dije 27 a pesar de tener 26. "Ahhh ya entiendo, por eso no sabes fumar. Todavía no has vivido". Asentí con la cabeza, un gesto similar a cuando uno espanta una mosca con las manos. Cuando solo quedaba una pizca de cigarro, lo volvió a intentar "Ya lo vas a botar dámelo por lo menos". Era un hombre bien vestido, de 45 años, con un aguardiente en la mano, ojos desorbitados, saliva en el mentón. Un señor. Le dije que no y simplemente lo apague en el muro en el que estábamos sentados. "Ah, es que sos una malparida" me dijo con curiosidad y tranquilidad. "Maria, y ¿qué haces aparte de creerte bella?" La pregunta me desubicó, me pareció grosero pero al pensarlo bien le respondí: "Supongo que nada, todo lo hago desde ese lugar".
"Vos me recordas a mis hijas, son unas hijueputas, yo las amo y son unas malparidas. Son bonitas, fuertes, inteligentes y unas malparidas. No me necesitan" Entre el disgusto, el miedo y la curiosidad no pude contenerme y le pregunté: "¿Vos las juzgas?" "Claro" me contestó. Empezó a divagar, a tratar de tocarme más. Mi curiosidad se agoto, me pare y después de desearle suerte me fui. 

Caminé desde donde estaba hasta la Avenida El Poblado y rápidamente decidí irme caminando a mi casa. Miré el reloj: 10pm. Estaba tarde para caminar sola, sin embargo, decidí que necesitaba caminar como si fuera la 1pm. Caminé mirando los arboles, los murciélagos, una que otra persona la calle estaba desolada. Y mientras más caminaba, más sabia que lo correcto era pedir un carro en algún punto y evitar el peligro. Decidí que ese punto sería "X" y camine y camine. "Podría caminar hasta el fin del mundo" pensé. "Aprender a leer y escribir es algo innatural para la mente humana" recordé lo que escuche más temprano.

Podría caminar hasta el fin del mundo y aún así no resolvería nada, porque a pesar de mis pasiones y de mis deseos, de mis palabras y letras; no hay nada que resolver.

Camino Verde, Envigado.

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