Violencia
Parece que el calor fuera a coger forma en cualquier momento, como si el vapor se convirtiera en un algo que nos asfixiara. Estoy sentada en una mesa llena de lirios, el olor es más fuerte por el calor. Mi casa huele a lirio y basura recalentada, el aire está lleno de desesperación y anhelo. "Quiero, quiero tanto. Es agotador".
Levo varias semanas jugando sillas musicales con mis libros, no logro encontrar qué leer. Empecé con Sleepwalker de Kaparnau, luego los diarios de Jane Birkin, y ahora Play it as it lays de Joan. Ninguno tiene nada que decirme, no me susurran cosas al oído.
Quisiera morir de ira, se parece y se siente como este calor infernal. Pero no quiero ser yo la víctima de mi ira, ¿por qué no puede sufrir alguien más? la música suena y me quema el bello de los brazos, me soba la piel como una lengua hirviendo y se ríe a mi oído, diciéndome cosas espantosas, burlándose de todo lo que siento, de lo poco que se. Vivo por el amor y sin amor no tengo nada"
«La rebelión contra los tiranos es obediencia a Dios»
Tengo abandonado a Dios, lo tengo guardado en un cajoncito chiquitito. Ha de estar apretado, sudando también, esperando a que alguno de estos días lo saque, lo bañe y lo bese. Pero lo amo, lo veo en todas partes, especialmente en el movimiento de las ramas de los arboles cuando las atraviesa el viento.
Aveces tengo fantasias de gritar, de estampar a alguien contra el pavimento. Esta tarde cerré los ojos en el parque, pude sentir la brisa, escuchar el sonido de los pájaros, los carros en la calle y recordé las palabras de mi amante. Sentí una gran punzada en el pecho. He lastimado, me han lastimado, Dios soy culpable por favor no me mates. Y tuve la fantasía de preguntarle dónde le dolía, y qué tanto. Salí del cuarto, cogí un cuchillo de la cocina y donde fuera que me hubiera señalado me cortaría hasta sangrar "voy a parar cuando me digas que he sentido el dolor que te he infligido".
Aveces me gustaría poder llevar mi dolor en la manga de mi suéter, tener una herida abierta, tapada y descubrirla cada que quiera mostrar el dolor. Morbosamente meterle el dedo, hurgarla en la cara de los que amo y atormentarlos con mi dolor, solo un momento, solo para que tengan más cuidado.
Es normal pensar, así sea por un momento, que uno es la persona que más ha sufrido en el mundo. A pesar de las guerras, de la sangre, del miedo que existe. A pesar de que el dolor sea pequeño a comparación. Es normal, por un pequeño segundo darse el permiso de pensar, saber, que el dolor que uno siente es tan profundo como el mar.
Hace mucho sabía escribir de otras cosas, la curiosidad y el arte. No se dónde están. Seguramente en el mismo cajon donde tengo metido a Dios. Espero que la ira me cure y me purifique, espero que llene mi boca de espuma y mis dientes de sangre, los ojos de lagrimas y me permita hablar el idioma de los ángeles, el idioma del misterio del mundo. Quisiera que un vórtice de viento me absorbiera y triturara mi cuerpo y renacer, o mejor aún volver a casa, a ese lugar que extraño desde niña y por más que busco no encuentro.
Deseo que mis cigarrillos vivan por siempre, que el arte nunca muera, que la curiosidad limpie las aguas del mundo.
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