exaltation of powerlessness
"Había siempre en su obra una tensión, incluso una lucha, entre la luz y la sombra. Estaba la exaltación de la impotencia -exaltation of powerlessness-. Estaba la seducción de la muerte, la fantasía, la crucifixión. Había, sobre todo, la peligrosa imposición del orden en el caos"
Joan Didion hablando de Robert Mapplethorpe en la revista Esquire después de su muerte.
En la madrugada soñé que estaba embarazada, como siempre de un niño, pero inesperadamente el niño murió y perdí el bebé. Miro el cuadro de James Baldwin en el suelo, me mira, le miro y no sé qué decirle, supongo no espera mayor cosa de mi y pocas palabras podrán salir de él si no es que ninguna. Quisiera poder decir que estoy triste por la guerra, o por la violencia y la injusticia. Pero la tristeza que siento es tan intima, casi irracional, no depende de nadie esta paradita ahí como un fantasma en medio de la carretera. Creo que todos sufriríamos menos si no nos hubieran mentido. Desde que vinimos al mundo y hace mucho tiempo, desde que se formaron las primeras civilizaciones vivimos en un mundo de guerra y conquista, solo nos genera tanto impacto porque de una manera u otra se nos ha dicho que ese ya no es el mundo en el que vivimos pero la realidad falla al tratar de reproducir la fantasía, le queda a lo mejor muy pesado.
Extraño Nueva York, pero no me permito extrañarle. Tengo hambre y no puedo cocinar. Me siento sola y no me invierto en nada, a penas tocando y dejándome tocar. Me gustó la expresión: the exaltation of powerlessness porque renuncio a la fantasía de la grandeza y me conformo a ser masa, a ser nadie, a ser alguien para mis padres y mis amigos, pero a penas y alguien, un peon en sus historias una risa, una rabia, un baile o un grito. Nada más. Me siento exhausta de la fantasía moderna de la grandeza, de que todos llegaremos a ser los elegidos de nuestro camino, que nos harán estatuas, películas, libros. Tormenta. Quiero ser el poco poderoso, el que nutre y cultiva sus propias tristezas y felicidades, las pocas pasiones y lo mínimo en lo que es bueno con respeto y honor, con presencia y dedicación. Ya no lo quiero ver y saber todo, solo lo poco que me interesa. Ya no quiero ser Jesus, ni morir por los pecados de nadie, moriré por los míos y me sentiré contenta de morir por lo que he cometido.
Quisiera estar escuchando Maria Callas pero en vez escucho la guitarra de Pepe Habichuela y la voz de Remedios Amaya, mirando el bareto que hay en el cenicero pensando si me debería tirar la mañana o mejor darle una oportunidad a este día de que me vuelva a hacer un hijo para poder cuidarle lo suficiente y que no muera. Mejor un cigarrillo entonces. Amargamente deseo ser un gallinazo, volar alto, no tener color, no sufrir compañía o mejor, tener amigos, no uno ni dos si no muchos y reír despreocupadamente, tal vez ser más leve, menos pesada no pensar en la crucifixión o el asesinato mientras todos gritan apasionadamente lo que creen y disfrutan. Ser diferente. Me juzgaría hasta la tumba si lo fuera, al final soy malcriada y pretenciosa, obsesionada con mis obsesiones, incapaz de ser un animal diferente, de vestirme de conejo cuando soy un perro negro.
Por ahora solo me queda llorar, como el cielo, destruir como el agua, crear como el sol, amar y ser amada como Dios, ser delicada como un hueso de pájaro.



Comentarios
Publicar un comentario