Pequeño cementerio

¿Nunca / se te ocurrió cómo sería si en lugar de manos tuvieras garras / o raíces o aletas, cómo sería / si la única manera de vivir fuera en silencio / o soltando murmullos o gritos / de placer o de dolor o de miedo, si no hubiera palabras / y el alma de cada cosa viva se midiera / por la intensidad de la que es capaz una vez / que queda suelta? CLAUDIA MASIN

No sé cómo empezar a hacer mi duelo por este mundo. Me senté en un rincón del mueble, acurrucada y me pregunté por qué había escogido venir a este mundo, a esta época del holocausto de la naturaleza y la información. Descubrí una profunda curiosidad al plantearme la idea de ver algo hermoso morir ¿alguna vez han visto algo hermoso morir? 

Aún sin entender por qué, las abejas vienen a morir a mi apartamento. Sin falta cada semana varias abejas llegan en la noche y mueren, es como si solo vinieran a eso, nunca vuelan demasiado, llegan, agonizan y mueren. Acto seguido las pongo en tierra de mi cactus pera. Mi pequeño cementerio, en este pequeño apartamento. 

Así que si bien tengo un temor profundo a la caída del imperio también me genera -no sin profunda culpa- curiosidad y placer. No puedo explicarlo con palabras, es una sensación, o más bien una idea que vive dentro de mí como código. Sin embargo, la tierra está cambiando, y lo que parecía estar a cientos de años de distancia aparece a la vuelta de la esquina. ¿Tengo la fortaleza para ver algo hermoso y perfecto cambiar? ¿Descomponerse? y con esta pregunta comienzo mi duelo, aveces triste, otras extasiada; siempre curiosa. Pero no puedo evitar preguntarme cuál es mi deber o más bien mi llamado en este momento de la tierra: es la magia, el arte, o es más bien algo político? cuesta saberlo, tal vez soy masa, materia y solo tenga que dejar que el mundo me lleve, traiga y atraviese en hondas hacía el destino de todos.
Si Jesus bajara hoy, lo volverían a crucificar. 

Aveces se siente como si hubiéramos traicionado a Troya una vez más, matamos un lugar que nos abrió las puertas en nombre de Dios. Es definitivamente el tiempo de la alquimia y de la magia, para unos pocos; lastimosamente para otros es el tiempo de ensuciar su sangre y su mente tal cual como hemos ensuciado el agua y el cielo. He tenido que pensar mucho para a penas y lograr entender una esquinita chiquitica de lo que no se puede entender, aunque eso es darme mucho crédito, he tenido que leer y sentir mucho... hay poco que pensar en un mundo donde a uno le enseñan todo a través del lenguaje desde que nace: Mesa, mamá, árbol, niña, dinero, casa, estado, presidente, amor... aveces la única manera es parar las imágenes que nos han alimentado y quedarnos con la realidad de la nada, el vacío más temible, la posibilidad infinita, el vórtex del caos pululando sin medida. Los mustang salvajes van para el matadero...

Aún tengo temor a Dios, pero no el mío, si no al católico, con el que me criaron. Me da miedo desearle la muerte a alguien, así sea el ser más despreciable del mundo. Pero quiero, quiero desearle la muerte a todos los hombres y mujeres que no tienen alma, a los billonarios, las personas obsesionadas con el poder, los dirigentes de los grandes países para los que conquistar el mundo es su único aliento, los corruptos, las personas que quieren vender los ecosistemas y los que los quieren comprar, las personas que buscan colonizar, controlar y manipular a otras personas, a las personas que no sienten ternura ni vergüenza... quiero y aunque quiero tanto no puedo, estas son solo palabras, no soy capaz de realmente desearles la muerte, porque como la peste, como la maleza son naturaleza y a mi gran pesar actores en la historia del universo, estrellas de la línea del tiempo que hemos escogido. 

Contra el dolor siempre está la curiosidad, lo único que tengo que hacer para corresponderle es no dejar que toda esta basura me corroa la mente, está difícil, ya puedo sentir mi pensamiento critico cansado, el cuerpo, la mente buscando distracción a cada segundo. ¿Soy lo suficientemente fuerte para ver algo hermoso morir?

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