Niña, mujer, caballo, planta


Pongo un pájaro y un pequeño dinosaurio en la mesa me pregunto si se van a pelear; a lo mejor se besan, tal vez hagan el amor. En el fondo quisiera que pelearan a muerte, pero ¿Cómo podría el pequeño dinosaurio de plástico lastimar ese pajarito con las plumas llenas de vida? Me despierto. 

Creo que si no tuviera miedo sería una niña, ¿es el miedo lo que me hace mujer?
Creo que si no tuviera miedo sería un caballo, ¿fue el miedo lo que me hizo ser mujer cuando era niña?
Creo que si no tuviera miedo sería una planta, ¿es el miedo una simple palabra que uso para describir sensaciones sin descripción?
Hay ternura dentro de mi, soy de naturaleza -no sumisa- pero tierna y accesible; escurridiza -si-  pero soy un animal que se puede sobar, cuidar, querer. Sin embargo, el miedo me pone esquiva, hoy en día no estoy segura de a qué le temo. Hace unos años era a ser lastimada, hoy no lo sé. Tal vez no tengo miedo, tal vez me pongo arisca en situaciones poco agradables y ya está... y ya está. 

Este fin de semana fui a una fiesta, me dije varias mentiras para ir sin remordimiento, fingí ante mi misma que no iba a ir a verlo si no a una fiesta a la que no quería ir. Estando allá me paré en la mitad de la multitud -con mi abrigo nuevo- sola, mientras esperaba que una amiga trajera dos martinis. Pasó mucho tiempo 10-15 minutos, la longitud de un cigarrillo y varios pensamientos.

Últimamente cuando salgo y hay muchas personas siento odio y amor, en cantidades proporcionales. Quería -profundamente- que alguien me hablara, se me acercara, me contara un secreto del universo y me maravillara con infinita dulzura. Me abrazara y me dijera con sus ojos que el mundo no está dividido, que el agua no está contaminada. Pero no sucedió. Todos siguieron bailando a medias, viendo su celular, mirando a otros, creando distancias imaginarias, encogidos y al mismo tiempo imponentes, con miedo evidente y un deseo ferviente de ser reconocidos; desconfío de ellos por el simple hecho de que no me aman. Pero sale la pregunta, ¿cómo te va a amar una persona que no te conoce? siento que no aman el mundo ni a ellos mismos y que me conozcan o no es indiferente pues caminan un camino sin corazón. Juicios. Yo veía, solo veía: el cielo, las caras, las luces, el DJ, la torre de la iglesia que se asomaba por el tragaluz. La música estaba horrible, el espacio distante, mi martini aún siendo servido en un piso diferente al que yo estaba. Una interpretación de mi generación.

"Decidí irme" le dije a mi amiga y después de insistir en acompañarme hasta que llegara mi carro inferí que quería ese espacio en soledad. Yo y la calle. ¿los pájaros le cuidan el sueño a los murciélagos en el día, y viceversa? El viento me dice muchas cosas cuando estoy sola en la calle.

Salí y empecé a pedir mi carro separada del tumulto, al parecer era una gran fiesta puesto que la fila para entrar era de toda la cuadra. Por el rabillo del ojo una sombra se acerco a mi, pensé que eran personas que pasaban cuando se recostó a mi lado, y sin mirar me dije: Por fin, el secreto por el que he estado esperando toda la noche.

Fue una conversación corta, le mire los ojos que sé por memoria que son cafes con líneas blancas, le agaché la cabeza en el hombro como un animalito y no escuche nada de lo que me dijo, no por des atención simplemente no lo pude escuchar, mi cuerpo estaba sintiendo demasiado y el volumen era ensordecedor. Duró solo unos minutos, solo recuerdo verlo marcharse con mi nombre en el pie izquierdo, como un ángel. Me desplomé en el asfalto, recostada sobre la llanta de un carro parqueado. Como cuando me perdía y esperaba a mis papás en el lugar de parqueo, con la esperanza de que no me hubieran olvidado o peor, atormentándome con la idea de que ya no me querían e iba a tener que vivir por siempre en el parqueadero del super mercado. 

La información, el sonido, los secretos se me escapan pero solo de la mente no del cuerpo. Siento que escucho con otra parte del cuerpo, no sé cuál. Hace unos momentos leía "El Delirio" un cuento de Clarice Lispector y decía: "La toma del brazo, recorre con sus dedos esos dedos finos. Tiene la palma suave. Junto a la uña, un poco de esperanza". 

En la madrugada soñé que tenía un hijo, un hombre, un niño. Lo vi fugazmente, tenía 7-8 años. Tenia los ojos cafes, era hermoso, gentil, ligero. Él brisa y yo viento. Me hizo feliz. 

Camino Verde, Envigado.

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