Diarios de una mudanza
Tengo la mitad de mi casa empacada en 4 cajas grandes y la otra mitad mirándome, esperando su momento. Es extraño no estar rodeada de mis cosas, es como desmantelar un altar. Pienso en mi idea de estabilidad y como está construida con rigidez mental en vez de constancia material. Le echo la culpa a mis padres, aveces está bien resentirlos y lo hago. Me criaron como al viento. Como un animalito. Soltándome a la vida a ver cómo me las apañaba solo para silbarme desde lejos para que fuera a casa para meterme en una jaula y llevarme a otro lugar, otro lugar lejos de ese espacio que ya había domado, solo para soltarme una vez más en un ambiente hostil en el que tendría que sobrevivir.
Mi mejor amiga empaco más de la mitad de mis cosas hoy mientras yo trabajaba, no estoy segura de qué va en las cajas. Tengo miedo de llevar cosas muertas en ellas, abrirlas y encontrar un cadaver. Me he movido tanto en mi vida que mis cosas son mi único hogar: mis libros, mis plumas, los pequeños pedazos de papel con palabras amables, mis plantas, las imágenes que he cultivado. Y ahora que están encerradas en cajas es como si mi hogar se hubiera disuelto. ¿De qué están hechas las paredes que no logran protegerme?
Aveces quisiera haber tenido un hogar. Una casa de toda la vida, unos padres que se amen y llevaran casados más de 30 años, una sensación de pertenencia y seguridad en los lugares. Hace días escribí que mis padres no me habían enseñado a quedarme, siempre nos estamos yendo. Hoy escribí en mi diario que haré mi misión crear eso para mi misma. ¿Cómo puedo dejar de salir corriendo?. Quiero una vida tradicional, algo sencillo y acogedor pero también tengo miedo de envenenarlo con mi sangre, aveces siento que todo lo que toco le salen órganos, piel y cabello. Mi mamá me dice que todo lo que toco florece. Veo como lo que toco crece, sin embargo, se le estira la piel y los huesos, no es una flor, es una criatura que sufre de dolores de crecimiento. Siento como si hubiera tenido muchos partos.
¿Qué tan densa quieres ser? me pregunto mi terapeuta. Solo pude llorar, fue la primera vez en años de consulta que me vio llorar; de dos a 4 lagrimas tranquilas, no eran desesperadas. Fue lo único que pude decir.
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Mientras me cepillo los dientes, y la foto de mi misma a los 17 me mira, pienso si puedo empezar a fumar después de parar debido a una leve gripa. Hoy todo está más claro, no tengo miedo de encontrar cadaveres, tal vez los saque y haga un escritorio para escribir en él con los huesos, una cobija con la piel y un collar con los dientes; para verme bonita.
La Magnolia, Envigado.
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